Tuvo el infortunio de encontrarme, gracias al post que hizo una amiga en Facebook, la respuesta que un “economista uniandino” le daba a la intervención que Sara Abril hizo a finales de Enero durante la intervención del presidente Santos en la Universidad Nacional de Colombia. En esta diatriba, donde el autor se adjudica la voz de los economistas de los Andes, critica de manera infantil y desestructurada la intervención de la vocera estudiantil. Aunque no tengo el placer de conocer al autor de tan desafortunado artículo, tengo el deber moral de hacer ciertos comentarios y precisiones acerca del artículo:

En medio de la soberbia que envuelve el texto, el autor olvida la regla fundamental de la escritura: Siempre se debe volver a leer aquello que se escribe. Las comas, que brillan por su ausencia, una que otra tilde que Microsoft Word no atinó a corregir y un lenguaje burdo, hablado, hace entrever que existen uno de dos (o ambos) problemas en El Mal Economista. O no existe un corrector de estilo que revise y apruebe los textos que salen en los medios de comunicación o el corrector de estilo revisó y aprobó el texto, en cuyo caso es necesario que empiecen convocatorias para uno nuevo.

En la misma línea, esta columna no hace sino confirmar aquello de lo que me he percatado a través de los años en la Universidad de los Andes. Sin ánimos de encasillar a todos los estudiantes, haber sido cinco veces monitor y tres veces profesor complementario me ha mostrado la pésima capacidad de redacción de los uniandinos. El autor escribe como habla, usa términos coloquiales y se descalifica cuando pretende replicar tan brillante intervención con tan pobre sintaxis. No tengo ninguna duda; de haber sido un parcial, este estudiante hubiera sacado la peor nota del curso.

Aun cuando pueda sonar mordaz, el estudiante no solo saca 0 por redacción, sino por contenido y capacidad de argumentación. Cualquier persona que haya pasado de la segunda clase de Introducción a la Economía Colombiana, y por ende haya visto las curvas de oferta de demanda del mercado laboral cuando hay salario mínimo, sabrá que un aumento en el salario mínimo tiene poco o nada que ver con la inflación. Un precio mínimo más elevado produce desempleo, relación que sí es usada como caballo de batalla por muchos economistas.

Este autor, también, adolece de uno de los mayores males que tiene la economía y quienes la practican: no sabe transmitir (por ignorancia o por arrogancia), conceptos sencillos, razonamientos útiles y resultados interesantes que se han encontrado en la profesión. Los bajos puestos en los escalafones de competitividad en los que se sitúa Colombia, la disminución por cuenta del precio del petróleo de los ingresos estatales y los sistemas de subastas de precio sombra que se estudian en Teoría de Juegos son fuertes que se sustentan en estudios serios y difíciles de rebatir. Habría sido mejor recurrir a ellos que mandar mensajes personales al Polo y hablar descarnadamente, como lo haría el mismísimo Robledo.
Para finalizar, quisiera invitar a quien escribió dicha columna a que sea más sensato. Bastantes males ha sufrido la reputación de los economistas de los Andes por cuenta de contadas personas inescrupulosas (ante lo cual revienta un festín mediático como solo esta universidad puede despertar), como para que sigamos pegándonos tiros en el pie con tan pobres escritos. Quejarse del Polo Democrático por realizar críticas poco fundamentadas, mientras se tiene el descaro de asumir la vocería de los economistas uniandinos para salir con semejante adefesio, no solo es un despropósito, sino también una falta de respeto para quienes, habiendo salido de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, sí dedicamos nuestra vida a hacer de este país un lugar mejor.

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