¡Ah, qué feliz país! Y no, no lo digo yo. Al día de hoy, es irrefutable que los estudios que se han hecho al respecto son de una rigurosidad comparable, y evidentemente envidiable, a las de las investigaciones acerca de la economía mundial de Nicolás Samper o incluso de cualquiera de las de Gustavo Gómez. Lógicamente, incontrovertibles y verídicas, me refiero. Y es que es un hecho, no es la primera vez que nos encontramos, con un orgullo nacionalista inconmensurable, en la parte más alta de la lista de los países más felices del mundo.

Ahora bien, muchos de aquellos –irracionalmente- incrédulos dicen que el problema está en las variables de medición que se usan, otros dicen que es la locación geográfica ¡excusas! ¿Por qué no aceptarlo? Es evidente, somos el país más feliz del mundo. Obvio, cuando le hicieron la encuesta a la “compañera sentimental” del defensor del pueblo aún tenía prometido su nuevo puesto y un viaje a Dubai o cuando se la hicieron a Bakatá (Q.E.PD) ya le habían dado su ración de comida diaria y, como acostumbrado, su bocado de pan importado, incluso la esposa del Magistrado Pretelt ya tenía dos nuevas fincas -pequeñas parcelas, para ser precisos-. ¿Cómo no ser felices así? Pero es la situación de todos los colombianos, así que seguramente seguiremos siendo el país más feliz del mundo; y crédulo también.

No obstante ahí estamos, en el primer puesto. ¡Ah! pero es que es primoroso vivir en un país donde el maíz estadounidense es más barato que el nacional, claro, por lo que nutre más. Pero eso no importa, porque los campesinos colombianos viven bien, ah sí, y son felices. Esto porque el gobierno ha hecho todo lo posible para que éstos puedan vivir dignamente, y lógicamente, empezaron por ajustar un precio justo a la leche y claro, como nunca se hizo ni se volverá a hacer, importando leche europea para quebrar a los pequeños productores de leche, por supuesto, este pecado jamás se le ocurriría a ningún Santos.


De cualquier modo, para que este estudio tenga un carácter de rigor –como los de Samper y Gómez mencionados al principio-, es menester enrolarme en el tema de la educación. Pero yo apoyo a Gina, por supuesto; los veinte mil pesos anuales (aproximadamente) por estudiante que reciben los colegios oficiales colombianos nos han garantizado la mejor educación de américa latina, y es que lo dicen las estadísticas y sus promedios lo comprueban, si no me creen pregúntenle a la misma Parody. Pero, es noble el actuar de este gobierno y por supuesto medido completamente; debido a que los niños no toman la leche necesaria para un crecimiento adecuado, especialmente los de menos recursos, entonces lo más natural y sensato posible es importar leche en polvo para que los niños, todos por supuesto, crezcan de la mejor manera, como lo hacen los felices infantes de la Guajira, como digo, este es un estudio riguroso.

Pues bien, nada de esto tiene relevancia, porque como somos el país más feliz del mundo. Y es evidente, el restante de personas encuestadas veían el impresionante e irrefutable panorama optimista que se nos presenta a los colombianos para este año y el que sigue… y el que sigue. Así mismo lo afirman los usuarios de la EPS a la que asistía Rubiela Chivará y sus familiares. Optimista, sí. El Ideam, con su confiabilidad nos da cada vez mejores noticias para la felicidad de los colombianos, como por ejemplo que El Niño se extienda hasta abril y que inmediatamente entra el fenómeno de la Niña. Asimismo, el ministro Irragori, nos ha dado grandes partes de tranquilidad por las medidas de contingencia que ha tomado para los campesinos, así como el metro subterráneo que estrenamos en Bogotá hace un par de semanas. Un viaje al norte del país le haría recordar que, tal vez, están más áridas las tierras de ésta zona que su misma aspiración presidencial. Pero esto no nos incumbe, de pronto está guardando lo bueno -no lo mejor, porque no lo hay- para el final.
De manera que, es claro y cada vez más indubitable el hecho, porque lo es -ya saben, estudios rigurosos-, que este, el país del sagrado corazón sigue y seguirá siendo el más feliz del mundo. Mejor dicho, yo creo que siempre lo seremos, o lo que es lo mismo, dejaremos de serlo cuando haya paz.

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