Primer semestre. Expectativas enormes. Recuerdo aquel día que por primera vez pisé la universidad como estudiante. Esa mañana, como muchos otros primíparos, soñaba con llegar a ser un político prominente y llegar a trasformar Colombia. Mientras esperaba a mis inductores, llegaron dos personas y muy amablemente me entregaron un papel amarillo que con letra llamativa leía “Polo Joven”. Sabía poco sobre el Polo, salvo que existía un senador de apellido Robledo que tenía ideas muy interesantes, y por qué no, hasta buenas, así que agradecí y leí. Inmediatamente quedé encantado. Ese partido era el botón automático a la Colombia perfecta.

Cuando vi el video de lo acontecido hoy en la universidad entre la seguridad del Presidente y un estudiante, me transporté a esa mañana. Esa cara se me hacía conocida. Empecé a rememorar y… ¡Claro! Era la misma persona. Fue quien me entregó el volante del Polo el día de la inducción. Era quien siempre recibía a Robledo en la universidad, y quien carga en su maleta un botón del mismo partido. En ese momento todo cobró perfecto sentido. Son estos partidos quienes suelen recurrir a este tipo de instancias para plantear sus ideas: marchar, protestar y criticar desde la calle.

Prima facie, los acontecimientos de hoy constituyen una violación indiscutible al artículo 20 de la Constitución Política de Colombia, pues se le impide manifestar y expresar sus ideas como él quiere (en este caso desde un cartel). En el video se ve cómo una agente de la policía le niega la entrada al estudiante: ¡La entrada a su propia universidad! ¡La entrada a una institución educativa! Una entrada que le cuesta no sólo 14 millones al semestre, sino también haber logrado acceder y permanecer en un lugar donde solo los mejores entre los mejores consiguen estar, estudiando con gran dedicación día y noche ¡Esto es el colmo! ¿Cómo es eso posible? ¿A qué se ha llegado? ¿Semejante atropello por simplemente tener un cartel?

Esa no es toda la historia. No voy a negar que hubiera violación de la libertad de expresión. Eso es indiscutible. Pero la discusión no puede quedar allí. No se puede olvidar que estos asuntos merecen un análisis de fondo. Casos como el de hoy no son aislados, es recurrente que la oposición utilice este tipo de actos, para causar terror, y así poder implantar ideas. Donde no hay confrontación directa y rigurosa con otras maneras de pensar es más fácil perpetuar e insertarse en la mente de personas sin criterio. Con esto no digo que sea siempre así, ni mucho menos, sino que el desarrollo de este tipo de ideas suele estar acompañadas de movilizaciones que se quedan en eso, movilizaciones y que en consecuencia no trascienden. Cómo se puede pensar en tratar temas tan profundos en una pancarta y en una conversación de un minuto. El espacio al que iba al Presidente tenía un objetivo y no era discutir políticas económicas. Intentar hablar del salario mínimo, de Isagen, de Reficar, de libre comercio, de deuda externa, etc., necesitaría mucho tiempo e información para analizar.

Qué interesante sería que en vez de poner un cartel frente al ML se trasportaran las ideas a un espacio de mayor rigurosidad donde ese botón mágico, del partido que sea, se estudiara. Qué productivo sería que en vez de poner 130 publicaciones en Facebook sobre la violación a la libertad de expresión se sentara una discusión de peso sobre todos esos ítems que pone de presente el estudiante. ¡Ahí es donde está el problema! Y ahí es donde se pierde el rumbo. Esa pasión que inspira actos como los de hoy, esa invocación a una horda enardecida suelen maquillar la realidad en favor de quienes incitan los actos. Este artículo no es para defender a los policías, ni mucho menos al Presidente. Es un llamado de atención a todos los Uniandinos que ponen a relucir su superioridad intelectual y pensamiento crítico que al presenciar actos como los de hoy, de terrorismo de opinión, olvidan la importancia de analizar, y terminan otorgando la razón a los mártires, sin preguntarse si todo fue, en efecto, un simple acto político.

¡Carlos! Lamento mucho lo que te pasó hoy. Me encantaría poder hablar contigo sobre Reficar, el salario mínimo, Isagen y demás asuntos que criticas. Y ojalá, en los muchos espacios que tiene la universidad expreses tus ideas con una rigurosidad académica (no olvidemos el contexto) al menos cercana al ánimo que impusiste hoy contra quienes únicamente cumplen órdenes.

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