Desde que inició la crisis del 2008, los gobiernos no han parado de ahorrar, y no como resultado de sus políticas, sino como consecuencia de las acciones de sus colegas monetarios. Pese a ellohan abandonado a los bancos centrales en estos procesos de recuperación. 

Fuente: Shares Inv

 

Seguramente hace 20 años nadie se imaginó un mundo en el que se regale dinero por pedirlo prestado. Mucho menos se imaginaron que en ese mismo mundo se cobraría por ahorrar. ¿Acaso no debería ser lo opuesto, penalizar por prestar y ganar por ahorrar? Lo más intuitivo es que en efecto sea así. Sin embargo, el mundo de hoy es distinto.  

Desde la crisis del 2008 los bancos centrales de todos los países han tenido que lidiar con un importante choque en la economía mundial. Sin duda, este se habría convertido en una nueva depresión si las autoridades monetarias no hubieran actuado. Por fortuna lo hicieron, y evitaron que el problema escalara más de lo que llegó a finales de la primera década del 2000.  

Los bancos centrales implementaron medidas para curar una economía que se encontraba fría y lánguida. Las acciones de estas instituciones consistieron, entre otras cosas, en bajar tasas de interés con el fin de que resultara más atractivo pedir préstamos para gastar, y menos sugestivo guardar, y dinamizar la economía. Uno de los ejemplos más emblemáticos fue la reducción de tasas que hizo la FED entre el 2007 y 2009. En menos de dos años la tasa de intervención pasó de 5.25% a 0.25%.  

La recuperación de la economía mundial se vio acompañada, casi en su totalidad, por estos bajísimos niveles. A pesar de estas medidas, la recuperación no resultó como se esperaba. En consecuencia, distintas autoridades monetarias decidieron ser más agresivas, al punto de cruzar la línea del cero, e implantar y establecer  tasas negativas. Así, Dinamarca, Suiza, Suecia y Japón, decidieron cruzar la frontera de cero en la tasa de depósito de bancos comerciales, y obligar a los economistas a encontrar nuevas explicaciones a estos fenómenos. 

Este es el escenario actual, y está siendo estudiado con gran intensidad en las distintas escuelas de economía del globo. Sin embargo, se quiere llamar la atención de algo que ha sido levemente ignorado, y que merece gran atención. En un mundo con tasas de interés tan bajas, y algunas de ellas negativas, los gobiernos también se ven beneficiados. El panorama es algo paradójico: mientras que la banca central agoniza para inyectar dinamismo, los gobiernos disfrutan las ganancias resultantes de tasas bajas sin gastar.  

En teoría, uno de los métodos para estimular una economía es el gasto gubernamental, ya sea en infraestructura, pagos de transferencia, o cualquier tipo de inversión. Sin embargo, para que haya gasto debe haber dinero. Una de las fuentes de este es la deuda interna, la cual proviene de valores, bonos, títulos de deuda, entre otros. Justamente, tasas de interés en niveles tan ridículos llevan a que sea muy rentable endeudarse, lo que supedita, inevitablemente, un aumento en el gasto.  

Investigadores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en el Interim Economic Outlook de septiembre de 2016, estimaron el ahorro de los gobiernos como resultado de las bajas tasas de interés. En particular, analizaron la diferencia entre lo que pagarían los gobiernos en bonos de 10 años si las tasas se mantuvieran en niveles de 2014, en comparación con las de hoy. Supusieron, además, un 15% de emisión anual. Según los cálculos, como resultado de la reducción en las  tasas, EEUU ahorraría cerca  de US$139 billones en los 3 años; el Reino Unido aproximadamente US$45 billones, y Japón aproximadamente US$48 billones. En términos comparativos con su respectivo PIB, EEUU ahorraría el 0.8% de su producto, el Reino Unido un 1.8% del suyo, y Japón el 0.9%. El caso más significativo de ahorro respecto de su producto es el de Italia: como consecuencia de las bajas tasas, Italia ahorraría un 2.25% de su PIB (Nelson, 2016).  

Como resultado, se esperaría que los gobiernos apoyaran a las autoridades monetarias para poder acelerar el ritmo de recuperación de las economías. Sin embargo, los gobiernos han mantenido su gasto relativamente constante, y en algunos casos, incluso, han llegado a reducirlo.  

El Reino Unido ha incrementado su gasto de forma muy leve. Pasó de $745.4 billones de libras en el 2014 a $756.1 billones en el 2015, y a un estimado de $761.9 billones para el 2016. En términos nominales se está presentando un incremento en el gasto inferior al 1.4% anual. Esta cifra es relativamente pequeña en comparación con los incrementos que se veían desde finales de la década del noventa hasta finales de la primera década del 2000 (crecimientos del gasto cercanos al 3%). 

En los Estados Unidos, la situación tampoco ha sido excepcional en términos del gasto. Para el 2014, se manejó una cifra de USD 6.2 trillones, en el 2015, USD 6.4 trillones y en el 2016, USD 6.7 trillones. En términos nominales se trata de un incremento cercano al 2.5% anual. Parece un incremento adecuado, pero al deflactarlo con tasas de inflación que oscilan entre el 1% y el 3% anual, resulta en incrementos cercanos al 1%, cifra que tampoco es muy considerable.  

Japón, por su parte, ha tenido incrementos en el gasto que resultan algo más significativos. Desde la llegada de Shinzō Abe a la cabeza del gobierno se iniciaron las tres líneas de acción del denominado “Abenomics”. Una de estas vías consiste en el estímulo fiscal. Así, Japón ha venido expandiendo el gasto desde una cifra cercana a los 102000 billones de yenes en el 2014 a aproximadamente 105200 millones en el 2016. Esto implica incrementos en el gasto cercanos al 2%.  

Ahora bien, es altamente aceptado por la comunidad financiera que el oro es uno de los commodities de mayor estabilidad. Esto implica que los inversionistas suelen resguardarse en inversiones de este metal en tiempos difíciles. Y es que justamente, cuando hay incertidumbre y riesgos, el precio del oro, por lo general, sube.  

De acuerdo con lo anterior, al analizar las correlaciones del oro con el yen japonés, el dólar estadounidense y la libra inglesa, se encuentra que la correlación más alta es la de la divisa asiática, con un nivel de aproximadamente 0.35. Esto indica que los inversionistas asocian la estabilidad con Japón, la cual, en gran medida, está dada por estos niveles altos de gasto, y rápido nivel de actuación en situaciones de crisis.  

En suma, como decía Larry Summers, exsecretario del tesoro de EEUU, no debe haber miedo a sobre-invertir, y menos cuando las condiciones son idóneas para que el gobierno lo haga con precios de capital en el largo plazo cercanos a cero. Así, la invitación es sencilla: los gobiernos no deben abandonar a la banca central en estos momentos. Como consecuencia de las políticas austeras se está configurando una trampa de no-crecimiento; ante la mínima mejoría de las condiciones económicas, las firmas y los hogares han venido ajustando expectativas para contextos de bajo crecimiento, lo cual tampoco contribuye a la mejoría de la situación. Ante ello, los gobiernos deben sumarse a los esfuerzos de las autoridades monetarias para que la economía mundial vuelva a encaminarse en una senda de crecimiento.  

Juan Pablo Rico A. 

jp.rico10 @uniandes.edu.co 

 

 

 

 

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