Fuente: VICE
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Que se pueda hacer un chiste sobre realizar un concurso de los que más conflictos de horario hayan enviado. Que existan estudiantes que hayan tenido que meter todas las materias de su semestre por conflicto (a pesar de no tener un mal promedio), porque ya no hay cupos. Que los estudiantes no puedan inscribir una clase que es pre requisito de algunas otras del semestre siguiente y, por consiguiente, se atrasen en sus carreras sin intención. Honestamente, decir que esto es decepcionante, se queda corto.

Pero tranquilos, no hay de qué quejarse, estamos en la mejor Universidad del país. Estamos pagando 16 millones de pesos, pero no importa, tenemos los mejores profesores, las mejores instalaciones, las mejores oportunidades… lo mejor de lo mejor. ¡Pero de golpe lo que pasa es que estamos pagando muy poco! Tal vez, si cobran 18 millones, entonces los de tercer semestre puedan meter las materias que les corresponden, al igual que los de sexto.

Claro, los defensores dirán que para eso están las líneas de atención telefónica que, por cierto, durante la inscripción de clases y a una semana de entrar a ellas no contestan, porque aún están en vacaciones (según la amable voz de la señorita del buzón de mensajes). Pero también está el sistema de conflicto de horario, del cual no se sabe muy bien qué criterios emplean para aceptar o rechazar una solicitud; esto último suele ser muy arbitrario y sería bueno que nosotros como estudiantes sepamos con mayor profundidad de estos procesos. Pero es que hay que tener en cuenta que hay muchos estudiantes y no se puede satisfacer a todos. Claro, porque la cantidad de estudiantes tampoco es un asunto de lo cual preocuparse. Recordemos también que hay estudiantes realizando opciones y doble carrera, algunos otros que han perdido materias y deben volverla a ver en el semestre entrante, y muchas razones que, aunque son comprensibles, no deben perjudicar al resto; para estos últimos casos, sí se debe buscar una solución que busque favorecer a todas las partes.

Es necesario declarar que en asuntos de logística, la universidad tienen varias fallas: que se caigan las páginas importantes como Banner o Sicua, que la oferta de cursos no se actualice a tiempo, que el sitio Web de conflictos de horario no funcione, que no contesten las llamadas telefónicas, que haya cambios de salón ya iniciado el semestre (porque desde un principio no eran los salones adecuados para la cantidad de gente, que de por sí ya es un primer problema), la misma inscripción del horario sobre lo cual se habla en este artículo, entre otros múltiples problemas que se me pueden escapar.

Estoy seguro, evidentemente, que estas no son las intenciones de la Universidad y, además, que sí habrán buscado formas de mejorar y actualizar los procesos (por eso supongo que surgió en su momento la página de conflicto de horarios). Sin embargo, es hora de un ajuste, por ejemplo, en la cantidad de secciones o los cupos en cada una de éstas; los estudiantes lo necesitamos. Claro, los problemas técnicos muchas veces son repentinos, difíciles de prever y también de solucionar. No obstante, el estrés y frustración que puede manejar la comunidad estudiantil por la imposibilidad de cuadrar un horario medianamente aceptable es innecesario; muchas veces nos tocan las sobras de las sobras. Cabe mencionar que ha habido acciones por parte de los mismos estudiantes para solucionar esto. Es el caso del Consejo Estudiantil de Economía, el cual ha ayudado a sus estudiantes con la inscripción de materias al intervenir directamente para que se abran más cupos o secciones en la Facultad.

Con este artículo no busco, ni es mi intención, expresar el mensaje caprichoso y consentido de que los estudiantes queremos nuestros deseos satisfechos, ni que nos entreguen todo en bandeja de plata. No, no es porque no queramos clases a las 6:30 de la mañana, o a las 6 de la tarde un viernes, o no tomar clases con un profesor “difícil”. Es simplemente no tener por qué resignarnos a hacer un horario que se deberá cumplir durante 4 meses, lapso en el cual no se estarán viendo clases de nuestro interés, necesidad o, incluso obligación, porque no había suficientes cupos.

 

Mateo Rivera Osorio.

 

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